El estrés psicológico es una respuesta que se produce cuando una persona percibe que las demandas del entorno exceden sus recursos de adaptación. No todas las situaciones generan estrés; su aparición e intensidad dependen de la interpretación que hacemos de los eventos y de los recursos personales y sociales disponibles para afrontarlos. La evidencia indica que situaciones inesperadas, incontrolables, ambiguas o que amenazan la evaluación social tienden a generar mayores niveles de estrés.
A nivel global, el estrés constituye un problema relevante de salud pública, dada su asociación con múltiples enfermedades crónicas. En este contexto, el estrés psicológico no solo puede contribuir al desarrollo y progresión de estas enfermedades, sino que también las enfermedades crónicas pueden actuar como fuentes persistentes de estrés.
La evidencia científica muestra que altos niveles de estrés se asocian con una menor adherencia a los tratamientos médicos, lo que puede agravar la evolución de las enfermedades. Asimismo, el estrés se relaciona con conductas de salud menos favorables, como una alimentación de menor calidad nutricional, menor actividad física y mayor consumo de alcohol y tabaco, aumentando el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas.
En nuestro laboratorio, investigamos el rol de los estresores cotidianos y crónicos, así como de situaciones de alta demanda psicológica. En particular, nos interesa comprender cómo factores como la percepción de discriminación y el trato en los sistemas de salud impactan en la salud de las personas. También abordamos el papel de las relaciones interpersonales, reconociendo que pueden actuar tanto como factores protectores como fuentes de estrés.
Finalmente, prestamos especial atención a poblaciones vulnerables, quienes suelen estar expuestas a una mayor carga de estresores crónicos, lo que contribuye a profundizar las desigualdades en salud.
